Cuando pensamos en desarrollo infantil, solemos fijarnos en los grandes hitos: las primeras palabras, los primeros pasos, el inicio del cole… Pero hay aprendizajes más silenciosos —y tremendamente potentes— que construyen la base de todo lo que viene después. Uno de los más importantes es el juego de imitación, una forma natural de aprendizaje que aparece mucho antes de lo que imaginamos.
¿Qué es el juego de imitación?
Es ese momento en que el bebé empieza a “hablar” por un teléfono imaginario, da de comer a un peluche o revuelve una cuchara vacía dentro de un bol. El juego de imitación (o juego simbólico) se inicia alrededor del primer año y se afianza entre los 2 y 3 años. Aun así, ya desde los 6-8 meses muchos bebés imitan gestos sencillos: saludar, aplaudir, señalar, repartir objetos…
Lo fascinante es que este tipo de juego les permite ensayar la vida real. Ponen en escena lo que observan, lo que les da curiosidad o aquello que están intentando entender. Y, mientras juegan, integran todos esos aprendizajes sin esfuerzo.
¿Por qué es tan importante el juego de imitación?
Este tipo de juego es una herramienta de desarrollo brutal, aunque a primera vista parezca simple. A través de él, los peques:
- Desarrollan su imaginación y creatividad, recreando situaciones reales o inventadas.
- Exploran y regulan emociones, ensayando cómo reaccionan los adultos ante diferentes situaciones.
- Amplían vocabulario y lenguaje, repitiendo frases, imitando diálogos o inventando historias.
- Aprenden habilidades sociales básicas, como cuidar, esperar turnos, negociar o pedir ayuda.
- Ganan autonomía, repitiendo rutinas diarias en versión mini: cocinar, limpiar, hacer la compra, vestir a un muñeco…
En pocas palabras: el juego simbólico es una forma de entender el mundo y de crecer desde dentro.
Lo cotidiano como motor de juego
No hacen falta juguetes complejos para potenciar este tipo de juego. De hecho, cuanto más familiar y reconocible sea el objeto, más fácil será que el peque lo incorpore a su mundo imaginario.
Una caja de cartón convertida en horno, unas llaves de mentira, una taza pequeña o una barra de pan blandita pueden desencadenar horas de juego simbólico.
Los objetos relacionados con la cocina y la comida son especialmente potentes: son parte de la rutina diaria, despiertan curiosidad y permiten imitar lo que ven hacer a los adultos cada día. Para ellos, reproducir esas escenas es un reto divertido cargado de aprendizajes.
Ideas sencillas para fomentar el juego de imitación
Si te apetece acompañar esta etapa en casa sin complicarte, prueba con:
- Preparar una cestita con alimentos de juego seguros para su edad: madera, tela, silicona o caucho natural.
- Crear un pequeño rincón simbólico en el salón o en su habitación. No hace falta mucho espacio.
- Dejar a su alcance objetos cotidianos seguros: cucharas de madera, boles, tapers ligeros…
- Observar qué le llama la atención de tu día a día e invitarle a participar a su manera.
- Acompañar su juego sin dirigir. Si decide que una galleta es un teléfono, perfecto: la imaginación es la puerta del aprendizaje.
Jugar también es explorar (y morder)
Durante el primer año, la boca es la principal vía de exploración. Por eso, todo acaba ahí: manos, juguetes, llaves, telas, comida… Es una etapa completamente normal y necesaria para su desarrollo sensorial.
En este periodo es fundamental ofrecer objetos seguros, naturales y aptos para el uso oral. Cada vez hay más opciones que combinan diseño, seguridad y estímulo. Los mordedores de caucho natural del árbol de Hevea, por ejemplo, son una alternativa ideal: suaves, seguros, biodegradables y sin aditivos tóxicos.
Los modelos con formas de alimentos —un gofre, un croissant, una cookie— conectan directamente con el juego de imitación y acompañan al bebé en esa etapa en la que explorar, jugar y aprender van completamente de la mano.
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